Tarkovski en la encrucijada, exposición de polaroids del artista en A Coruña
Urban Time | 29 mayo, 2009 1 Comentario
Lleva ya un tiempo la exposición en marcha, y éste es su fin de semana de despedida, lo que no quita para que le rindamos el homenaje correspondiente a un artista como Andrei Tarkovski. Para tratarle al nivel que corresponde, le pedimos a Adrian Massanet, crítico y cinéfilo, además de admirador y amante de la obra del cineasta ruso, un texto que le rindiera homenaje, y que sirviese para ponernos en situación y acercarnos su figura. Gracias por la ayuda, Adrián. Ahora toca disfrutar del texto.
En Italia rodé esa película, que es profundamente rusa. Y lo es en todos sus aspectos, lo mismo en los morales y éticos que en los políticos y emocionales. Hice una película sobre un ruso que se encuentra en Italia para un largo viaje de investigación; hice una película de sus impresiones de este país. Pero en ningún momento quise presentar una vez más esa belleza de postal turística de una Italia así retratada más de mil veces.
La nostalgia es esa sensación tan característica de los rusos, esos inmigrantes tan malos, que según tantos poetas de esa tierra maldecida por centurias de malos gobernantes (como los españoles, por cierto), impide expresarse con total felicidad fuera de la patria. Como el conde Drácula, que tiene que regresar a dormir en su tierra para recuperar fuerzas, muchos rusos en el exilio se sienten mutilados y sin rumbo. No fue el caso de Andrei Tarkovski, uno de los más grandes artistas y estetas de la entera Historia del cine, cuando ya convertido en el director ruso más venerado desde Eisenstein (a quien valoraba poco) se vio obligado a abandonar Rusia para filmar, precisamente, ‘Nostalghia’, su sexta y penúltima película y, para muchos, la más bella de sus obras maestras. Ahora, casi tres décadas después, llega a España una colección de polaroids por él realizadas de su estancia en Italia.
La cita, por tanto, es de obligado cumplimiento tanto para los (cada vez más) numerosos seguidores y enamorados del cine de este poeta cinematográfico tan prematuramente fallecido, como para los aficionados a exposiciones fotográficas de toda índole, pues con su depurada mirada Tarkovski era capaz de impregnar cualquier trabajo visual suyo con esa personalidad que le hizo célebre. Esa mezcla de trascendentalismo e ingenuidad, de curiosidad e impertinencia.
Después de lograr, contra todo pronóstico y por aclamación, el León de Oro en el Festival de Venecia con su debut, la emocionante ‘La infancia de Iván’, las autoridades rusas quisieron ver en él a un líder de las nuevas generaciones de cineastas, alguien quizá que les presentase al mundo de una manera condescendiente. No fue así, pero tampoco le interesaba a Tarkovski cuestionar al gobierno de su país. Sin embargo, cuando describió los horrores de la época de Andrei Rublev en la película que dedicó al pintor de iconos, su gobierno comenzó un demencial acoso contra su creatividad.
Además tenía la “mala suerte” de resultar bastante críptico para el espectador, acostumbrado quizá éste a ideas en clave o a historias con mensaje, cuando el cineasta lo único que quería era hablar de cosas hermosas o terribles. Con ‘Stalker’, su última película filmada en su tierra, la cosa llegó a su clímax de incomprensión, y la presión de las autoridades fue tal que se vio obligado, harto de la cacería intelectual, a marcharse a Italia. No cesó el calvario, pues no le permitieron huir con su hijo, y en un país desconocido tuvo que recomenzar profesionalmente.
Tonino Guerra le regaló una cámara polaroid, y el cineasta, durante cinco años, fue sacando fotografías, aunque por desgracia, no se encuentran en el mejor estado posible, y no hay negativos. Después de ‘Nostalgia’, y de ganar con ella el Premio al mejor director (compartido con Robert Bresson por ‘El dinero’), el premio FIPRESCI y el del jurado ecuménico en Cannes, se instaló definitivamente en Suecia, donde filmó su última película y cayó mortalmente enfermo, muriendo a los 54 años en París, donde finalmente pudo reencontrarse con su hijo.
Fue precisamente su hijo el que inauguró esta exposición, y que aseguró que será de las últimas veces que podamos verlas fuera del país que tanto daño hizo a Tarkovski y a su familia. Está, hasta este mismo domingo, en la Fundación Luis Seoane, y a parte de ochenta fotografías, puede verse una ilustración que el cineasta hizo de la casa donde nació, así como una instalación audiovisual sobre ‘Nostalghia’. Y es posible que la elección de la ciudad gallega sea acertada para esta exposición, pues predispone en ocasiones para cierta nostalgia.
Así son las cosas, algunos artistas mueren en el exilio, pero su obra permanece por siempre. Donde quiera que esté Tarkovski (aunque apostaría que está en un lugar mucho más tranquilo y libre que éste), igual le sorprende que se dediquen exposiciones a las fotos que hizo para sí mismo. Seguro que sonríe un poco, con aquella media sonrisa suya de eterno tímido, para luego continuar a lo suyo, a esculpir en el tiempo.
Manuel Rivas | Los versos en ‘polaroid’ de Tarkovski
Más información | Iberarte
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Interesante proposición. Habrá que estar más atentos la próxima vez. La verdad es que los rusos aquí son desconocidos, o eso me parece, pero tiene cosas maravillosas (que diría una miss).
Sobre las colonias. Sí, claro, varían dependiendo del tipo de piel, cada uno verá cuál le sienta mejor. Pero creo que hay que variar… Mantén alguna fija (en mi caso opto por CK One y Gucci) pero después… tienes un mundo enorme para variar.
Un saludo,
Jose